Trabajo al servicio del desarrollo humano
- Fernando Lizarr
- 10 sept 2018
- 17 Min. de lectura
El trabajo permite a las personas ganarse el sustento y tener seguridad económica. Es vital para lograr un crecimiento económico equitativo, la reducción de la pobreza y la igualdad de género. También permite a los ciudadanos participar plenamente en la sociedad y les confiere un sentido de dignidad y valía personal. El trabajo puede contribuir al interés público; y el trabajo que implica cuidar a otras personas fomenta la cohesión y crea vínculos en las familias y las comunidades.
El Informe sobre Desarrollo Humano de este año analiza el modo en que el trabajo puede mejorar el desarrollo humano, teniendo en cuenta que el mundo del trabajo está cambiando a gran velocidad y que sigue habiendo importantes desafíos en materia de desarrollo humano.
Además, el Informe señala que el vínculo entre el trabajo y el desarrollo humano no es automático y que algunos tipos de trabajo, como los forzosos, pueden perjudicar el desarrollo humano, al violar los derechos humanos, atentar contra la dignidad humana y sacrificar la libertad y la autonomía.
Las personas son la verdadera riqueza de las naciones, y el desarrollo humano tiene por objeto ampliar sus oportunidades.
Durante mucho tiempo, el mundo había estado preocupado por la opulencia material, relegando a las personas a un segundo plano. El marco del desarrollo humano, con un enfoque centrado en las personas, cambió la forma de percibir las necesidades en materia de desarrollo y situó en un primer plano las vidas humanas.
Hizo hincapié en que la verdadera finalidad del desarrollo no es solo aumentar los ingresos, sino también ofrecer a las personas las máximas oportunidades, fortaleciendo los derechos humanos, las libertades, las capacidades y las oportunidades y permitiendo que los ciudadanos tengan una vida larga, saludable y creativa.
Desde la perspectiva del desarrollo humano, el concepto de trabajo es más amplio y profundo que el de empleo por sí solo. El empleo proporciona ingresos y apoya la dignidad humana, la participación y la seguridad económica. Sin embargo, en el marco del empleo no se incluyen muchos tipos de trabajo que tienen importantes implicaciones para el desarrollo humano, como el trabajo de cuidados, el trabajo voluntario y el trabajo creativo (por ejemplo, la escritura o la pintura).
Desde 1990, el mundo ha logrado importantes avances en materia de desarrollo humano. El valor del IDH mundial ha aumentado más de una cuarta parte y el de los países menos adelantados se ha incrementado más de la mitad. Este progreso ha sido relativamente constante en el tiempo y en todas las regiones. El número de personas que viven en desarrollo humano bajo disminuyó de 3.000 millones en 1990 a algo más de 1.000 millones en 2014.
Hoy en día, la población es más longeva, hay más niños y niñas que van a la escuela, y un mayor número de personas tiene acceso a agua limpia y a un sistema de saneamiento básico. Estos avances están estrechamente vinculados al aumento de los ingresos y han producido los niveles de vida más altos en la historia de la humanidad. Actualmente, la revolución digital conecta a personas de diferentes sociedades y países. Por otra parte, los avances políticos están permitiendo que más personas que nunca vivan en regímenes democráticos. Todos estos son aspectos esenciales del desarrollo humano.
Entre 1990 y 2015, la pobreza económica en las regiones de países en desarrollo disminuyó en más de dos terceras partes. El número de personas en situación de pobreza extrema en todo el mundo se redujo de 1.900 a 836 millones. La tasa de mortalidad infantil disminuyó más de la mitad, y la tasa de mortalidad de niños y niñas menores de 5 años cayó de 12,7 a 6 millones. Más de 2.600 millones de personas obtuvieron acceso a una mejora en el suministro de agua potable, y 2.100 millones tuvieron acceso a mejoras en las instalaciones sanitarias, pese a que la población mundial aumentó de 5.300 a 7.300 millones
Más de 970 millones de personas que todos los años se dedican a actividades de voluntariado están ayudando a las familias y las comunidades, creando redes sociales y contribuyendo a la cohesión social.
El desarrollo humano no ha sido homogéneo en las distintas regiones, en los distintos países ni tampoco dentro de estos.
A escala mundial, las mujeres ganan un 24% menos que los hombres y solo ocupan el 25% de los cargos administrativos y directivos en el mundo empresarial; además, en el 32% de las empresas ninguna mujer desempeña un cargo directivo superior8 . Las mujeres siguen ocupando solo un 22% de los escaños en la cámara única o en la cámara baja de los parlamentos nacionales.
A la desigualdad en los logros alcanzados en materia de desarrollo humano se añaden las privaciones humanas generalizadas. En todo el mundo, 795 millones de personas padecen hambre crónica, 11 niños y niñas menores de 5 años mueren cada minuto y 33 madres mueren cada hora. Cerca de 37 millones de personas viven con el VIH y 11 millones sufren tuberculosis.
Más de 660 millones de personas utilizan fuentes de agua no potable, 2.400 millones de personas usan instalaciones sanitarias no mejoradas y casi 1.000 millones de personas se ven forzadas a la defecación abierta.
En todo el mundo, 780 millones de adultos y 103 millones de jóvenes (de entre 15 y 24 años de edad) son analfabetos. En los países desarrollados hay 160 millones de analfabetos funcionales. A escala mundial, 250 millones de niños y niñas no han adquirido los conocimientos básicos, pese a que 130 millones de ellos han asistido al menos 4 años a la escuela
Una privación humana fundamental consiste en no usar el profundo potencial de las personas para el trabajo que estimula el desarrollo humano, o en darle un uso indebido o insuficiente.
Impulsar este potencial es aún más importante si se tienen en cuenta los nuevos desafíos del desarrollo humano.
El crecimiento de la población, impulsado sobre todo por Asia Meridional y, cada vez más, por África Subsahariana, tendrá importantes repercusiones en el desarrollo humano, en lo que se refiere a las oportunidades de trabajo, la brecha entre las necesidades de cuidado y quienes proveen el servicio, y la cobertura de protección social. Las estimaciones recientes indican que hay un déficit mundial de 13,6 millones de trabajadores dedicados al cuidado de otras personas, lo que da lugar a graves deficiencias en los servicios de atención prolongada para las personas mayores de 65 años.
El desarrollo humano se ve debilitado por múltiples crisis, vulnerabilidades y amenazas: epidemias, nuevos riesgos para la salud, crisis económicas y financieras e inseguridad alimentaria y energética. Por ejemplo, las enfermedades no transmisibles (o crónicas) representan actualmente un peligro para la salud mundial que se cobra 38 millones de víctimas al año, y de esa cifra casi las tres cuartas partes (28 millones) se encuentran en países de ingresos bajos y medios.
Los desequilibrios dejan a las mujeres en situación de desventaja en el ámbito del trabajo, tanto remunerado como no remunerado
En los dos mundos laborales [trabajo de cuidados no remunerado (labor doméstica) y trabajo remunerado], sigue observándose un marcado desequilibrio entre los géneros, como consecuencia de los valores locales, las tradiciones sociales y los papeles asignados históricamente a cada género.
En la mayoría de los países de todas las regiones del planeta, las mujeres trabajan más que los hombres. Se estima que la contribución de las mujeres al trabajo mundial es del 52%, mientras que la de los hombres es un 48%.
Pero, aun cuando soportan más de la mitad de la carga, las mujeres se encuentran en situación de desventaja en ambos mundos laborales (tanto el trabajo remunerado como el no remunerado), con patrones que se refuerzan mutuamente.
El desequilibrio de los géneros puede verse reflejado tanto en la fuerza de trabajo a escala mundial como en las personas que acaban de empezar a laborar desde la edad de inicio oficial (15 años).
Si se toma en cuenta el 59% de todo el trabajo remunerado que se hace a nivel mundial, se ve que los hombres tienen una operatividad de casi el doble en comparación con las mujeres, mientras que en el caso del no remunerado las mujeres tienen una operatividad de casi el triple en relación con los hombres.
El trabajo no remunerado en el hogar es indispensable para el funcionamiento de la sociedad y el bienestar humano: sin embargo, cuando recae sobre todo en las mujeres, limita sus posibilidades de elección y sus oportunidades de realizar otras actividades que podrían ser más satisfactorias para ellas.
Incluso cuando realizan trabajos no remunerados, las mujeres sufren desventajas y discriminación. La evidencia del “techo de cristal” es solo una de ellas. Las mujeres están insuficientemente representadas entre el personal directivo superior a escala mundial, ya que solo ocupan el 22% de los cargos directivos, y en el 32% de las empresas no hay ninguna mujer en puestos de alta dirección. Dicha segregación ha estado presente a lo largo del tiempo y en todos los niveles de prosperidad económica.
Tanto en los países desarrollados como en vías en desarrollo, los hombres se encuentran mayormente distribuidos en los oficios de categoría más alta, mientras que las mujeres sólo se quedan con los de categoría media.
Incluso realizando tareas similares, las mujeres ganan menos dinero, siendo más visible entre los trabajadores más remunerados. A nivel mundial, las mujeres ganan un 24% menos que los hombres. Incluso mujeres en puestos directivos sólo llegan a ganar un 53% del total que ganan sus homólogos hombres (América Latina). En la mayoría de las regiones, las mujeres también son más propensas a desempeñar “empleos vulnerables”, trabajando por cuenta propia o ajena en contextos informales en los que los ingresos son frágiles y que ofrecen poca o ninguna protección y seguridad social.
Las mujeres asumen una carga desigual en el trabajo de cuidados
A causa de su porcentaje desproporcionado en el trabajo de cuidados, las mujeres tienen menos tiempo que los hombres para dedicarse a otras actividades, como, por ejemplo, el trabajo remunerado o la educación, y también menos tiempo libre. En una muestra de 62 países, los hombres dedicaban una media de 4,5 horas al día a la vida social y el ocio, y las mujeres 3,9 horas. En los países con un desarrollo humano bajo, los hombres dedican casi un 30% más de tiempo a la vida social y el ocio que las mujeres. En los países con un desarrollo humano muy alto, la diferencia es del 12%.
Las mujeres también participan de forma desproporcionada en el trabajo de cuidados remunerado. La demanda de trabajadores del servicio doméstico remunerado ha aumentado. A escala mundial, se estima que trabajan en el servicio doméstico 53 millones de personas mayores de 15 años. De estas, el 83% son mujeres, algunas de ellas trabajadoras migrantes que no tienen otra opción más que dejar a sus propios hijos para cuidar a los niños y niñas de extranjeros que en muchas ocasiones les dan un salario bajo, los mantienen en condiciones precarias o incluso se dan situaciones de violencia física sexual. Pese a todo ese abuso, las personas siguen trabajando por la necesidad.
Lamentablemente, el trabajo de cuidados no suele ser reconocido pese a su gran importancia. Principalmente por la cuestión de su “no contribución” al PIB. Sin embargo, si se valorara como debe el aporte de las mujeres al desarrollo humano por medio de su labor doméstica, se ha analizado que incluso se podrían caer en situaciones de formulación de políticas, con estimaciones significativas en países como la India y Sudáfrica (39% y 15% respectivamente).
Abordar los desequilibrios entre el trabajo no remunerado y el remunerado beneficia tanto a las generaciones actuales como a las futuras
Para poder contrarrestar los desequilibrios que sufren las mujeres y niñas alrededor del mundo y apoyar las cambios generacionales que poco a poco han buscado un mejor reparto del trabajo de cuidados entre hombres y mujeres, es necesario adoptar medidas en cuatro ejes normativos: reducción y reparto de la carga del trabajo de cuidados no remunerado; aumento de las oportunidades para las mujeres en el trabajo remunerado; mejora de los resultados del trabajo remunerado; y modificación de las normas.
Es preciso reducir en general el tiempo dedicado al trabajo de cuidados y repartirlo de un modo más equitativo. Algunos aspectos que pueden contribuir a reducir la carga del trabajo de cuidados para las familias y las mujeres en particular son:
El acceso universal al agua potable.
Los servicios energéticos modernos para satisfacer las necesidades de los hogares.
Los servicios públicos de calidad.
Unas modalidades de lugar de trabajo que den cabida a horarios flexibles sin penalizar la promoción profesional.
Un cambio de mentalidad acerca de los papeles y las responsabilidades asignados a cada género.
El trabajo sostenible es un componente fundamental del desarrollo sostenible
El trabajo sostenible promueve el desarrollo humano, además de reducir y eliminar los efectos colaterales negativos y consecuencias no deseadas.
Es de vital importancia no solo para la preservación del planeta, sino también para asegurar el trabajo de las generaciones futuras.
Para que el trabajo sostenible se convierta en un fenómeno más común, son necesarios tres cambios paralelos:
Terminación (algunos trabajos desaparecerán o se reducirán).
Transformación (algunos trabajos se conservarán mediante la inversión en nuevas tecnologías adaptables y la formación continuada o el perfeccionamiento de las competencias).
Creación (aparecerán nuevos trabajos).
Se prevé que algunas ocupaciones tendrán una mayor salida. Las mayores pérdidas de empleos pueden darse predominantemente en sectores que hacen un gran uso de recursos naturales o emiten gases de efecto invernadero u otros contaminantes. Estos sectores emplean a escala mundial a unos 50 millones de personas.
En muchas ocupaciones también es necesario cambiar la forma en que se obtiene la producción mediante la aplicación y el respeto de las normas.
Las posibilidades que ofrecen estas tecnologías para el desarrollo humano son radicalmente distintas en función de si sustituyen el suministro eléctrico convencional, basado en redes de distribución, como en muchos países desarrollados, o si amplían el acceso a la energía fuera de los sistemas de conexión a la red eléctrica, como en muchos países en desarrollo.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible tienen importantes repercusiones para el trabajo sostenible
El Objetivo de Desarrollo Sostenible que tiene implicaciones más directas para el trabajo sostenible es el número 8 (promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos), junto con sus 10 metas asociadas, que señalan algunos de sus efectos para el trabajo sostenible. La meta 8.7 es adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas modernas de esclavitud y la trata de seres humanos y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, a más tardar en 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas.
La meta 8.8 —proteger los derechos laborales y promover un entorno de trabajo seguro y protegido para todos los trabajadores, incluidos los trabajadores migrantes, en particular las mujeres migrantes y las personas con empleos precarios— pretende reforzar los resultados de los trabajadores en materia de desarrollo humano, evitando una nivelación hacia abajo (“race to the bottom”). La meta 8.9 —para 2030, elaborar y poner en práctica políticas encaminadas a promover un turismo sostenible que cree puestos de trabajo y promueva la cultura y los productos locales— defiende un tipo concreto (sostenible) de trabajo.
La meta 3.a —fortalecer la aplicación del Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco en todos los países, según proceda— pretende reducir el trabajo asociado a la producción y distribución del tabaco y mejorar la salud de los trabajadores. La meta 9.4 —para 2030, mejorar la infraestructura y reajustar las industrias para que sean sostenibles, usando los recursos con mayor eficiencia y promoviendo la adopción de tecnologías y procesos industriales limpios y ambientalmente racionales, y logrando que todos los países adopten medidas de acuerdo con sus capacidades respectivas— implica tomar una dirección concreta hacia la mejora de las competencias y posiblemente hacia nuevas esferas de trabajo.
Muchas de las metas asociadas a los Objetivos de Desarrollo Sostenible pretenden centrarse en el trabajo que tiene repercusiones negativas para el desarrollo humano. Si se alcanzara la meta 8.7, mejorarían las vidas de 168 millones de niños y niñas trabajadores y de 21 millones de niños y niñas que realizan trabajos forzosos60. La meta 5.2 asistiría a 4,4 millones de mujeres explotadas sexualmente61, y la meta 3.a afectaría a unos 100 millones de trabajadores de la industria tabacalera62. Se necesitarán políticas y programas activos para apoyar a las personas que antes realizaban estos tipos de trabajo.
El vínculo entre el trabajo y el desarrollo humano no es automático ya que depende de la calidad del trabajo (dignidad y un sentimiento de orgullo y si facilita la participación) y la interacción de las condiciones realizadas con su valor social.
Para fortalecer el vínculo con el desarrollo humano, el trabajo debe mejorar la sostenibilidad ambiental, reforzando su vínculo con el desarrollo humano yendo más allá de los beneficios individuales y contribuyendo al logro de objetivos sociales comunes (reducción de la pobreza y de desigualdad, cohesión social, cultura y civilización). Por otro lado si el valor del trabajo disminuye, su relación con el desarrollo humano se debilita habiendo discriminación (especialmente de género, pudiendo ser por otro motivo) y violencia en el trabajo.
La violencia laboral o en el lugar de trabajo (amenazas y agresión física o verbal) también debilita el vínculo entre el trabajo y el desarrollo humano, debilitándose en situaciones de conflicto y posteriores a él, por lo cual, el trabajo realizado en esas condiciones no siempre tiene un contenido determinable, haciendo que el desarrollo humano se limite a la simple supervivencia.
En el mundo hay unos 168 millones de niños y niñas trabajadores, cifra que representa casi el 11% de la población infantil, de los cuales 100 millones son niños y 68 millones, niñas. Aproximadamente la mitad de ellos realizan trabajos peligrosos
En 2012, cerca de 21 millones de personas en todo el mundo realizaban trabajos forzosos, donde, 14 millones eran víctimas de explotación laboral y 4,5 millones de explotación sexual.
Después del tráfico de armas y de drogas, la trata de personas es la actividad ilegal más lucrativa a escala internacional. Se ha producido un fuerte incremento del tráfico de migrantes ilegales donde las redes de traficantes sacan dinero a los migrantes desesperados que intentan cruzar el mar para llegar a otros países de forma ilegal. En 2014, cerca de 3.500 personas, puede que muchas más, perdieron la vida en el mar Mediterráneo cuando los barcos traficantes con rumbo a Europa volcaron o se hundieron
El trabajo doméstico remunerado es un importante medio de generación de ingresos para millones de trabajadores, en su mayoría mujeres. Si se establece la protección adecuada, puede empoderarlas y ayudarlas a sacar a sus familias de la pobreza.
La globalización y la revolución tecnológica están cambiando a gran velocidad el modo en que trabajamos y las tareas que realizamos.
El contexto del trabajo está sufriendo cambios que afectan al desarrollo humano. La globalización y las revoluciones tecnológicas, en particular la revolución digital, impulsan la transformación del trabajo. La globalización ha favorecido la interdependencia mundial y ha tenido importantes repercusiones en los patrones de comercio, la inversión, el crecimiento y la creación y destrucción de empleo, así como en las redes de trabajo creativo y voluntariado. La velocidad de adopción y penetración de las tecnologías digitales es asombrosa.
En los Estados Unidos hubo que esperar más de 50 años para que la mitad de la población tuviese teléfono. En el caso de los teléfonos móviles solo han sido necesarios 10 años. El acceso a la revolución digital no es homogéneo entre las regiones, los géneros, los grupos de edad y la brecha entre las zonas urbanas y rurales.
En 2015, el 81% de los hogares de los países desarrollados tenía acceso a Internet, frente a solo el 34% en las regiones de países en desarrollo y el 7% en los países menos adelantados.
Actualmente, muchas actividades económicas están integradas en cadenas mundiales de valor que abarcan varios países y, en ocasiones, varios continentes. Esta integración engloba desde las materias primas y los subcomponentes hasta el acceso a los mercados y los servicios posventa. La producción consiste principalmente en productos y servicios intermedios que abarcan todos los sectores y coordinados por empresas multinacionales.
La revolución digital ha generado nuevas fronteras de trabajo, como, la economía colaborativa (GrabTaxi), la contratación externa de los procesos (UpWork), el crowdworking o externalización abierta del trabajo (Mechanical Turk) y las modalidades de trabajo flexibles. Asimismo, ha revolucionado el trabajo creativo y empoderado a los pequeños productores y artesanos. Los avances tecnológicos no solo han transformado el trabajo, también son motores que impulsan nuevas formas de creatividad e innovación.
En el nuevo mundo laboral, los trabajadores deben ser más flexibles y tener una mayor capacidad de adaptación, y han de estar preparados para la formación continuada, los traslados y la renegociación de las condiciones de trabajo. También deben dedicar más tiempo a buscar nuevas oportunidades.
Por tal motivo, existe el surgimiento de una nueva población activa constituida por empresarios sociales, que son motivadas por una noble causa y comprometidas con la resolución de problemas sociales que crean empresas sin pérdidas ni dividendos, que aspiran a ser autosostenibles desde el punto de vista financiero y a maximizar los beneficios sociales.
La globalización del trabajo ha generado ganancias para unos y pérdidas para otros
Con los procesos de externalización, los trabajos de montaje de los países desarrollados empezaron a trasladarse a zonas francas de los países en desarrollo a medida que estos adoptaban un modelo de industrialización orientado a la exportación.
La deslocalización mundial de los empleos en el sector de los servicios empezó a aumentar en la década de 1990, cuando los avances realizados en las tecnologías de la información y las comunicaciones permitieron que muchos servicios de asistencia técnica se prestasen de forma externa. No obstante, la externalización hacia países en desarrollo no ha beneficiado a todos los sectores ni a todos los trabajadores. Si bien la externalización en general parece ser beneficiosa para las regiones de países en desarrollo, también tiene consecuencias para los trabajadores de los países desarrollados.
Los empleos relacionados con el apoyo administrativo, las operaciones comerciales y financieras y los trabajos informáticos y matemáticos los que tienen más probabilidades de ser externalizados. Así pues, aunque el acceso a nuevos empleos en los países receptores de las actividades de externalización pueda generar enormes beneficios, es posible que las personas que pierden sus empleos necesiten formación y nuevas competencias para adaptarse al entorno más competitivo.
La formación también puede mejorar la capacidad de los trabajadores de los países en desarrollo para acceder a los nuevos empleos, sin embargo, tal integración no dice mucho sobre la calidad del trabajo ni sobre si los trabajadores han ampliado sus capacidades humanas, suscitándose inquietudes en los niveles de protección laboral y las oportunidades de perfeccionamiento de las competencias.
La transición a las cadenas mundiales de valor ha conllevado nuevas complejidades para los trabajadores tanto de los países desarrollados como de los países en desarrollo. Las empresas multinacionales, con el fin de proporcionar flexibilidad en la producción y gestionar los costos, recurren cada vez más a una mano de obra desprotegida, utilizando una combinación de empleados con contratos de duración determinada, trabajadores eventuales, contratistas independientes, trabajadores con contratos basados en proyectos y trabajadores subcontratados
Aprovechar el futuro que ofrece la revolución digital no es una cuestión del azar ni del destino, sino de competencias y visión
Las nuevas tecnologías están transformando los tipos de trabajo que desempeñan las personas y la forma en que lo realizan. Este cambio no es nuevo, pero sí está reconfigurando la relación entre el trabajo y el desarrollo humano y los tipos de políticas e instituciones necesarias para promover resultados que redunden en beneficio de las personas. Algunos cambios tecnológicos son transversales, como las tecnologías de la información y las comunicaciones y la difusión de los teléfonos móviles y otros dispositivos portátiles.
La revolución digital tal vez esté asociada a las industrias de alta tecnología, pero también está influyendo en otras muchas actividades más informales, desde la agricultura hasta la venta ambulante.
Hoy en día, los teléfonos móviles facilitan muchos aspectos del trabajo a través de una combinación de llamadas de voz, SMS y aplicaciones móviles. Aportan ventajas a otros muchos tipos de actividades como: formales e informales, remuneradas y no remuneradas, entre otras) desde los vendedores de alimentos en El Cairo o los barrenderos en el Senegal hasta los cuidadores de personas en Londres.
El acceso a Internet y a los teléfonos móviles empodera a las personas para que aprovechen su creatividad y su ingenio.
La economía digital ha permitido que muchas mujeres tengan acceso a trabajos en los que pueden aprovechar su creatividad y su potencial. Sin embargo, este nuevo mundo laboral otorga un gran valor a los trabajadores con capacidades y cualificaciones en ciencia y tecnología
También se abren nuevas posibilidades laborales para los trabajadores de más edad que siguen ejerciendo su actividad profesional, bien porque disfrutan de su trabajo o porque no pueden permitirse el lujo de jubilarse. La mayoría de los trabajadores de más edad y de los trabajadores más jóvenes se encuentran en mercados laborales distintos, por lo que el estímulo a los trabajadores de más edad no debería causar ansiedad entre los trabajadores jóvenes.
En el escalón superior se situarán los empleos de calidad dirigidos a trabajadores con un alto nivel de educación y cualificación. En el escalón inferior seguirá habiendo empleos de baja cualificación, de baja productividad y mal remunerados, como las tareas de limpieza de oficinas. Sin embargo, los niveles intermedios irán desapareciendo paulatinamente. Así pues, los grandes perdedores serán los trabajadores menos especializados y con capacidad para realizar trabajos rutinarios
Por tanto, algunos sectores económicos podrían tener que hacer frente a una escasez de personal cualificado, por lo que las empresas que estén dispuestas a pagar salarios elevados para contar con los mejores talentos acudirán al mercado mundial. Junto a la polarización a nivel nacional, se observa una estratificación de la mano de obra a escala internacional que hace que los trabajadores de baja cualificación procedan principalmente de los mercados nacionales y los más cualificados de los mercados globales.
Para los trabajadores ahora es el mejor momento de tener un perfil con capacidades especiales y una formación adecuada, ya que estas personas pueden aprovechar las tecnologías para crear y obtener valor. Sin embargo, nunca ha habido peor momento para tener un perfil de trabajador solo con competencias y capacidades comunes, ya que las computadoras, los robots y otras tecnologías digitales están adquiriendo estas competencias y capacidades con una rapidez extraordinaria.
La revolución digital prometía de forma implícita que aumentaría la productividad laboral y que, por ende, lograría un aumento de los salarios. No parece que esa promesa se haya cumplido en ningún frente: la productividad no ha crecido a la velocidad esperada, y solo una pequeña parte de las ganancias se ha traducido en salarios más altos.
La revolución tecnológica ha venido acompañada de un aumento de las desigualdades. Los trabajadores tienen una menor participación en la totalidad de los ingresos. Es posible que incluso las personas con mejores niveles de educación y formación que tienen la posibilidad de trabajar de un modo más productivo no se vean compensadas de manera acorde en lo que respecta a ingresos, estabilidad o reconocimiento social.
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